Sulkari portada

A medio siglo de Sulkari, esa obra maestra

por Manuel Iglesias
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En mayo de 1971, hace hoy exactamente medio siglo, se estrena en el Gran Teatro de La HabanaSulkari”, esa obra maestra imperecedera de la danza moderna en Cuba y, posteriormente, del cine cubano.

Sulkari fue coreografiada en 1971 por Eduardo Rivero Walker, quien falleciera en 2012, y todavía es interpretada por la compañía sucesora de Danza Moderna, que es Danza Contemporánea de Cuba.

La obra es una exploración de la sensualidad y la espiritualidad cubanas, a través de un ritual de exaltación de la fertilidad por medio de la relación hombre-mujer para la continuación de la vida humana.

Sulkari, que siempre ha inspirado, intrigado y asombrado al público a lo largo de 50 años en sus sucesivas puestas teatrales, dura aproximadamente 20 minutos y cuenta con una banda sonora de música tradicional africana, fundamentalmente un conjunto de tambores batá y coro femenino.

Es de esas coreografías que es preciso mirar, más que con ojos físicos, con ojos espirituales.

Sulkari

Sulkari al cine

melchor casalsEn 1974 el cineasta cubano Melchor Casals se inspira en esta obra majestuosa y la filma para la historia en los Estudios Cubanacán del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos ICAIC, dejando un registro único de las interpretaciones descomunales e irrepetibles de esos seis bailarines fundacionales que asumieron la obra.

Este cortometraje en cine es una de las joyas más perdurables y significativas de la cinematografía cubana, que no ha perdido vigencia ni en lo formal, ni en lo técnico, ni en lo artístico.

Una joya que debería ser sometida a un proceso urgente de restauración digital, porque es posible que su negativo pueda estar dañado por el paso del tiempo y las precarias condiciones de almacenamiento que existieron por muchos años las bóvedas de la Institución.

De Sulkari hablamos con su director, Melchor Casals, quien reside en la ciudad de Miami, en honor al medio siglo de su estreno en las salas de teatro cubanas.

¿Qué sientes por los 50 años del estreno teatral y los 47 de tu obra cinematográfica?

Orgullo, muchísimo. Sulkari fue un hito en la historia de la danza moderna cubana y también creó una pauta en ese peculiar género cinematográfico, llegando a ser uno delos documentales más vendidos en la historia del ICAIC.

Fue filmada con una cámara Mitchell y con un negativo extraordinario que ha perdido color; el color rojo intenso de su estreno ya no existe, se ha lavado y se nota en las copias que existen en video. Debo decirte que ahora mismo no tengo siquiera una copia con calidad, en alta definición, que quisiera pudiera hacerse y que la Cinemateca de Cuba me la enviara.

Sulkari

Pienso que es una joya de nuestro mejor cine, Melchor.

Lo es, sin falsa modestia. Pero yo tuve mucha suerte para filmarlo, porque conté con el respaldo pleno de una Industria, un estudio y una compañía como Danza Moderna de Cuba, que en el momento que yo filmo estaba dirigida por Pablo Bauta.

Creo, después de tanto tiempo, que el cortometraje tiene valores imperecederos, porque es revelador de un trabajo coreográfico exquisito y también de una gran puesta en escena, ya que el cine te da la posibilidad de que puedas filmar la obra desde todos los puntos de vista, todos los valores de plano y todas las angulaciones posibles.

Por medio del cine, el espectador que vio la obra en teatro desde la limitada capacidad de la posición de su asiento, tiene aquí la posibilidad de “verla” de otra manera, ya que a través del maravilloso montaje de Roberto Bravo se jugó plásticamente potenciando miradas particulares a los movimientos de los bailarines, a sus prendas, a su gestualidad, al escenario y al exquisito trabajo de luces.

¿Qué aporta, además de una nueva mirada y un testimonio eterno para las generaciones futuras, la creación del Sulkari cinematográfico?

La obra en cine se filmó con grandes bailarines, tres hombres y tres mujeres, que eran Luz María Collazo, Nereida Doncel, Leticia Herrera, Atanasio Mederos, Isidro Rolando y Pablo Trujillo, muchos de ellos bailarines fundacionales de la obra en 1971, que además eran grandes intérpretes con valiosas herramientas técnicas de su arte. Por tanto, el cortometraje contiene un aporte pedagógico para las futuras generaciones de bailarines.

Antes de filmar, yo también hablé con el coreógrafo Eduardo Rivero y decidimos adecuar el vestuario a como realmente vivían nuestros ancestros africanos, prácticamente desnudos, donde los senos en las mujeres o los glúteos en los hombres no tenían connotación erótica alguna.

Sulkari cartelY se cambió para la puesta cine, que consistió para los hombres en solo una ligera trusa con un hilo adornado con caracoles sobre la cintura y que pasaba entre sus piernas, dejando los glúteos al descubierto. Finalmente, no quisimos pedirle a las intérpretes trabajar con los senos descubiertos.

Desde entonces, ese atuendo utilizado en el filme marcó un hito en el vestuario de las posteriores obras con representaciones danzarias africanas, hasta el presente.

Las imagenes logradas por el filme, trabajadas en silueta a partir del diseño creado para el cartel del filme por el disenador René Azcuy (que, por cierto, forma parte de la colección de la Academia de los Premios Oscar) ha definido la imagen de la danza contemporánea en Cuba.

Melchor, la banda sonora es excepcional.

Definitivamente. Está interpretada por la Orquesta de Percusión y coro de mujeres de Danza Nacional de Cuba, dirigida por el maestro de los tamboreros cubanos Jesús Pérez y con Nancy haciendo de voz solista, en una versión para cine que fue grabada por Jerónimo Labrada en los Estudios de Sonido del ICAIC, en la calle Prado.

Hay algo de mágico en la puesta en cámara y en el diseño de luces, que provoca una sensación de hieratismo en los intérpretes.

Es que Sulkari está creada por Eduardo Rivero a partir de su inspiración con las estatuillas nigerianas del rito de la fecundación. Los detalles de estas tallas del pueblo yoruba del reino africano de Dahomey, definieron los tocados, las máscaras, las poses y hasta la gestualidad en el trabajo coreográfico.

Por tanto, el estilo de danza es como si fueran esculturas en movimiento, cada bailarín tiene su estilo, su carácter y su tempo, y cada pareja de hombre – mujer muestra conductas de apareamiento diversas, antes del acople.

Sulkari

Fotografía y edición se dan la mano, como pocas veces se ha visto, en el Sulkari cinematográfico.

Tanto el fotógrafo Jorge Haydu -que logró momentos de plasticidad extraordinarios, con un diseño de luces que lograba un reflejo alucinante en aquellos cuerpos negros-, así como el editor Roberto Bravo  -que trabajó de una manera sabia y delicadísima el ritmo- hicieron un trabajo descomunal a partir de la puesta en cámara que yo había planificado. Ambos eran unos artistas excepcionales.

Filmar y editar danza es algo muy difícil, y si es danza africana mucho más, y en eso ambos se crecieron. Nunca una toma queda igual que la otra, porque aunque exista una coreografía previa las interpretaciones son muy viscerales, y armar después la continuidad en montaje es todo un reto. Te puedo decir que Roberto Bravo quería volverse loco frente a la moviola.

Entonces, ¿filmaste en continuidad para evitar problemas mayores en filmación y en edición?

Exactamente, no había otra solución que filmar todas las tomas de la coreografía en progresión, según la música.

En mi caso, decidí que cada toma –cada plano general, cada uno de los cerrados sobre un bailarín o cada angulación- era una escena. Eso daba mucha libertad de operación al editor.

También tener a mi lado a Eduardo Rivero me daba una seguridad y una tranquilidad permanentes, que se ve en el resultado en pantalla. Hoy le estoy muy agradecido a todos.

Sulkari

A medio siglo de Sulkari

Para el crítico de arte José Luis Estrada Betancourt:

“Sulkari fue la cristalización de una escuela y de un estilo: el de la Danza Moderna Cubana, que tuvo en el maestro Ramiro Guerra su padre fundador y en Eduardo Rivero el discípulo consagrado a la investigación de la danza, llegando a colocarla en un lugar cimero.”

“Esta obra significó un aporte sustancial y contundente desde el punto de vista danzario, folclórico, estético y conceptual. Con su magia sobre la escena, Sulkari consolidó un camino a partir del estudio profundo de la cultura cubana y sus orígenes, así como una técnica colmada de elementos únicos e distintivos de la que no se ha podido prescindir desde entonces.”

Según su coreógrafo, Eduardo Rivero:

“Sulkari me tomó mucho tiempo, no se hizo ni en quince ni en veinte días. No sólo fue el trabajo de investigación, sino pasar todo ese cosmos cultural de la clase técnica de coreografía, porque yo tenía que impartir los ejercicios y ejecutar los movimientos. De ahí que la ondulación del torso, de los brazos y otras peculiaridades pasaron luego al método de toda nuestra forma de enseñanza.”

“No sólo se hizo con mucho amor, sino con mucho conocimiento. Tuve que estudiar muchísimo sobre el origen de la cultura africana y la gestualidad del cubano. Cuando la obra se proyectó en Nigeria yo pude escuchar a gente que comentaba: ‘mira, así bailaban nuestros abuelos, nuestros antepasados’. Y no lo digo para darme golpes en el pecho, fue algo que ocurrió de verdad. Es un orgullo sano, es un honor.”

Para Santiago Alfonso:

Sulkari no representa una transición, sino más bien un punto de desarrollo en la danza contemporánea. Todo lo que Ramiro Guerra había recogido y trasmitido a sus alumnos, encontró en Eduardo Rivero un alumno que supo beber de esa fuente, y entregó con Okantomí en el 1970 y Sulkari en 1971 unas obras que estilísticamente superaron a su maestro y creó un nuevo estilo para las danzas africanas.”

“Con Sulkari  se demuestra que hay una belleza negra, una estética negra que supera lo netamente folklórico.”

Para Miguel Iglesias, director de Danza Contemporanea de Cuba, heredera de Danza Moderna, uno de los aspectos más destacables de Sulkari es que los negros y negras son reyes y reinas, no hay una visión deningrante de ellos, porque es una historia cuyo argumento Eduardo concibe antes de que la esclavitud imperara.  

Para la crítica de danza Marilin Garbey, en Sulkari los movimientos que despliegan los hombres son muy viriles y los de las mujeres muy sensuales, con el fin de conquistarlos. Ellas se sienten felices de su rol de sometimiento como mujeres, tal como marcaba la tradición en África.

Sin embargo, para una de sus intérpretes fundacionales, Nereida Doncel, en Sulkari no se sabe quién domina a quién, si el hombre o la mujer, y piensa que para ella es la mujer, porque tiene el falo del hombre en su mano.

Para Isidro Rolando, otro de los grandes bailarines fundacionales, Sulkari le permitió por primera vez dialogar con un tambor batá y abrir las puertas de su identidad.

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